CatalàEspañolEnglishFrançaisDeutch
Paddle Van Sup School

La Sierra de montsià

Introducción

Desde el Ebro al Sénia y desde la «Foia» (hondonada) a la Plana litoral, esta cordillera de unos 20km de largo y un 7 de ancho, es, para la gente de los pueblos que la rodeamos, un signo de nuestra identidad.

El Montsià ha sido, más que barrera, nexo de unión de los pueblos situados alrededor: Alcanar, Ulldecona, Freginals, Amposta y Sant Carles de la Rápita.

La gente que ha vivido en estos pueblos, generación tras generación, supieron sacar provecho —a veces no demasiado racional— fruto de las necesidades de una época, cuando en nuestras tierras la única economía existente era la agricultura y la ganadería y la presión era muy fuerte. Precisamente la práctica intensiva del pasto y el hecho de que, de manera sistemática se quemara la montaña para obtener pastos, ha distorsionado la vegetación.

Y es que hay que tener en cuenta que para nuestros antepasados ​​y, incluso, para las generaciones que ahora tienen 70 años o más, ir al Montsià no significaba lo mismo que para nosotros. Hoy tiene un aspecto más lúdico y antes ir al Montsià era ir a sacarle un buen provecho: ir a por leña, ya sea como combustible o para madera para barcos (como ocurría en la fuente de Burgar); carbón en las diferentes carboneras que había esparcidas; cerezas y otras frutas en los barrancos donde se cultivaban árboles frutales; palmitos o palmas para poder hacer capazos y demás objetos de mimbre; parar «rateras»; ir a por té «poleo» , té de roca , té de reina u otras hierbas medicinales; fabricar cal en los muchos hornos que hay por toda la cordillera; ir a pastar…

Todas estas actividades humanas, en definitiva, han dejado huella en nuestra cordillera: masías, «lligallos», senderos, fuentes, cuevas, pozos, «cocós»...

  • Masías
  • Cañadas
  • Senderos
  • Cuevas, fuentes…
  • Presencia humana

Masías

Es interesante ver los diferentes restos de todos los asentamientos existentes en la Sierra de Montsià, ya sea en forma de masías, corrales o cabañas de pastor.

Entre los caseríos más importantes cabe destacar: Mas de Miralles, Mas de Balaguer, en el Pla de la Galla; Mas de la Gaspara, Mas del Comú, Mas de Matarrodona, Mas de Rosalea, Mas del Llop, Mas de la Revertera, Mas de Mulet... y la gran cantidad de casetas, que no llegaban configurar asentamientos tan importantes como los mencionados.

Hay también numerosos corrales que denotan la explotación ganadera desde tiempos remotos. Estos corrales se encuentran construidos con piedra seca aprovechando , en algunas ocasiones , las grutas que hay por toda la sierra: Corral del Mariquito, Corral de Tabola, Corral del Maret, Corral de la Galla, Corral Nou, Corral de Pantoni, Corral de la Gossera, Corral del Poc-cul, Corral de Cames-semes

Sin embargo, hablando de asentamientos, para los que nos gusta nuestra historia, es interesante el estudio de las cabañas de pastor construidas con piedra en seco que hay esparcidas por todo el Montsià. Desde la Roca Roja, el Pico del Montsià —donde dicen que en una hacía penitencia un monje dominicano llamado Padre Pascual—, el pico de Andara, Muela de Matarrodona, Monte de Torrero, Primer Molló, son lugares donde las podemos encontrar.

Cañadas o «lligallos»

El Montsià ha sido tradicionalmente lugar de pasto y, sobre todo, de invernada para grandes rebaños. Desde las famosas cabras blancas (especie de cabra autóctona actualmente en peligro de desaparición) a las ovejas, y los bueyes que son los que, hasta hace bien poco, aunque no en tanta cantidad, pacían libres por toda la cordillera. Estos rebaños transitaban por los conocidos «lligallos» a la hora de ir desde el Montsià hasta los pastos del Delta, las fuentes de la llanura litoral o las balsas y fuentes de la «Foia» de Ulldecona.

Algunos de los «lligallos» más importantes son el Lligallo de Codoñol que , viniendo de la Foia de Ulldecona, atraviesa el Montsià para la Portella baja, continuando por Mas y Pozo del Melo y Barranco de Codoñol, hasta las fuentes del camping Carlos III, situadas el término de Alcanar (cerca de donde se encontraba la antigua Torre de Codonyol). También se conoce como Lligallo de Milio.

Lligallo de Forcheron, que pasa por el bosque de Miralles, cerca de la fuente de Tina. Ya en el llano, pasa cerca de la torre del mismo nombre, para adentrarse en el Delta.

Lligallo de las Ventalles, que viene de la Sierra de Godall, pasando por las Ventalles, sube por el cuello que hay entre el barranco de la Carbonera y el del Astor hasta el Coll de la Foradada, baja por la loma de Burgar, donde pasa a denominarse Lligallo del Pas, continuando por la balsa de la Galla, Contador, Quatre Mollons y baja al llano, adentrándose en el Delta del Ebro por el Camino del Pas de Carrasca.

También hay otros, no tan importantes, quizá porque no comunican con los pastos del Delta del Ebro, como son el Lligallo del Montsià, Lligallo de La Laguna, Lligallo de la Pedrera, etc.

Senderos

Los senderos han sido las vías de comunicación tradicionales entre los diferentes puntos de la cordillera y las vías más rápidas para atravesarla entre los pueblos de los alrededores.

Han sido utilizadas tradicionalmente por los rebaños en sus desplazamientos hacia los diferentes puntos, buscando casi siempre las fuentes y los pastos. También para las personas, intercomunicando así los diferentes puntos habituales, como las masías, casitas, corrales y los lugares de cultivo.

Son la vía más rápida para atravesar la cordillera entre los pueblos de alrededor. De Ulldecona hasta el mar. De la Rápita hasta Freginals. De Alcanar en la Rápita, etc. Son, por tanto, lugares de importancia primordial para recuperar nuestras raíces culturales y nuestra memoria histórica.

Destacan en importancia nombres como el Camino dels Bandolers, el Sendero de les Faixes, Camino del Mas de Comú, Camino de la Fuente de Burgar, el Sendero de la Campana. Muchas veces estos senderos hacen coincidir el trazado con los de los lligallos, otras veces los complementan.

Dentro de los senderos existen puntos geográficos que por su dificultad o por su especial configuración, tienen nombre propio y se convierten en auténticas referencias para la gente de esta comarca: La Campana, pasos con el Portell de la Foradada, el Contador, la Portella Alta, la Portella Baixa, el Mal Pas de Rialla, el Argiler...

Todos estos senderos vivieron los últimos momentos importantes durante la posguerra. Concretamente en la época del estraperlo. Durante este periodo, los senderos más importantes de la cordillera que comunicaban las poblaciones de la Foia (Ulldecona, Les Ventalles y Freginals) con la Plana litoral, se establecía durante las noches un activo comercio clandestino. Era frecuente que, por la noche, el camino de la Font de Burgar a Els Freginals por la balsa de Ortís, era transitado de gente que subía de la Rápita con arroz hasta los Freginals y volvía después del cambio, con aceite de oliva. Esto también ocurría con la senda del Mas de Común hasta Ulldecona y con el mítico Camino de los Bandolers, el cual, en su tramo de la Rápita en Alcanar, fue uno de los caminos más concurridos durante aquella época.

Actualmente, el hecho de que no haya tantos rebaños que transitan los senderos, hace que muchos se estén perdiendo, incluso alguna de gran valor paisajístico, como es el sendero de les Faixes, que va de la Foradada hasta la Fuente del Piqueta, recorriendo la parte alta de la cordillera por todos los rincones de la fachada marítima de la montaña.

Por otra parte, el aspecto más lúdico que hoy tiene la cordillera ha hecho que se abrieran senderos que no respetan la concepción y el uso tradicional que debía ser una senda y que les dan un aspecto más deportivo a los mismos. Prácticamente no hacen las típicas eses propias de las antiguas veredas, necesarias para transitar los animales cargados.

El caso más típico es el sendero de pequeño recorrido, que va desde el refugio que tiene el CEU en el barranco del Astor hasta el cuello por el que sube el antiguo «lligallo» de Les Ventalles. O la llamada Sendero del Crestall que nunca fue transitada por los rebaños y quizás la más espectacular hoy para el excursionista.

Cuevas, fuentes, pozos, «cocons» y pantanos

uestra Sierra, como típica cordillera inmersa dentro del ámbito geográfico mediterráneo, recibe en el año una media escasa de precipitaciones distribuidas de una manera muy irregular. Esto, unido a que es una cordillera compuesta principalmente por roca caliza, ha hecho que la acción erosiva del agua haya configurado un típico modelo cárstico. Como es habitual en las zonas propias de este tipo de modelado, el agua procedente de las escasas precipitaciones circula de manera subterránea por toda la cordillera, formando grandes cuevas y las típicas fuentes vauclusianas que aparecen de repente debajo de una pared rocosa, confiriendo al áspero relieve un aspecto de insólita belleza.

En referencia a las cuevas y simas , encontramos la cueva del Tendo , la cueva Bonica , la cueva de la Hedra, la cueva de la Foradada , la cueva del Gall , la cueva del Pi, la cueva de Santa Magdalena , la cueva del Cingle Roig , así como la Sima de Matarrodona , Sima del Pla , etc .

En cuanto a las fuentes, éstas han tenido a lo largo de los tiempos, una gran importancia económica sobre todo para abrevar los numerosos rebaños y, en algunos casos, para regar pequeñas huertas.

Las escasas fuentes que encontramos son del tipo vauclusiano y, debido al poco caudal, el hombre se las ha tenido que ingeniar desde tiempos ancestrales para aprovechar los recursos hídricos de la cordillera y, a veces, se han añadido a las mismas unas pilas de piedra de construcción humana para así aprovechar más racionalmente el agua y facilitar defecto el abrevadero de los rebaños.

Típicas fuentes de este tipo son la Fuente de las Set Picas , la Font de Burgar —sin duda la más abundante y bonita de la cordillera—, Fuente del Mas de Comú, Fuente del Fumat, Fuente del Bassiol ...

Otros, muy parecidas a estas , están formadas por una pequeña balsa que desciende a una más grande o forman una balsa única , como la Fuente del Pi, las Balsas de Panxa Blanca, la Font del Teix , Font de Molacima ...

Otro tipo de fuentes , en mi opinión muy importantes , no desde el punto de vista del caudal pero sí del ingenioso sistema utilizado para recoger el agua , son las del tipo «foggara» , situadas en medio del lecho del barranco y que recogen la escasa agua que chorreando de las rocas de una manera subterránea , hasta una pila donde se acumula . Esta pila, en algunas, tan sólo está protegida por una caseta construida en piedra en seco, para mantener el agua limpia y fresca y evitar su evaporación. De estos tipos son la Fontanella, la Fuente de la Ortís, Fuente de Andara, Fuente de Panxa Blanca…

También hay otros donde el agua se acumula en una cavidad natural como la Fuente del Recreo, Fuente de la Piqueta, Fuente de la Abella. O como las de la Fuente de la Gota o Fuente de Neus, donde se recogía el agua que manaba en época de lluvias por los riscos de las fajas cerradas, hacia unas balsas hechas de ladrillos situadas al pie del primer fajón. O la Fuente de Tina, en el bosque de Miralles, encontrada bajo una encina por un carbonero, donde primero se puso una tina y hoy hay una gran cisterna y bajo unas pilas .

 

Por otro lado encontramos los pozos típicos, formados por un brocal de forma circular y de no demasiada profundidad. Son muy conocidos el Pozo de Matarrodona, la Noria del Mas de Común, el Povet de la Bassa de la Galla —hoy día tapado—; Povet de la Gossera, Povet del Melo, Povet de Antó...

Otra manera de almacenar el agua son los «cocós». Generalmente están formados por una cisterna donde se acumula el agua de lluvia que procede de una losa lisa inclinada situada al lado. Son famosos el Cocó de Jordi, Cocó de Gonzalo, Cocó de Samuel, Cocó de Carancha, Cocó del Ferit, Cocó de la Rosalea…

Otra manera de recoger agua eran las balsas situadas en lugares arcillosos, donde se construía una balsa en la parte más baja y se limpiaba el entorno de vegetación, para facilitar defecto el deslizamiento de agua dentro. Tenemos ejemplos en la balsa de Catxapanda, Aiguassera, las de la Galla, la del Ortís, del Argiler...

Por último los llamados «pantanos», formados por una pared delante de una concavidad donde se acumula el agua de lluvia. Entre otros el de la Ferradura o la Sardina o dels Coloms, espectacular para el excursionista.

Presencia humana

El Montsià ha sido habitado desde la más remota antigüedad, prueba de ello la tenemos en que se ha encontrado la muestra de arte rupestre más antigua de la Cuenca mediterránea peninsular. Estamos hablando de la pintura cueva del Tendo. Otros indicios demuestran que la cordillera ha sido poblada ininterrumpidamente en las diferentes etapas históricas, así lo muestran el poblado pre ibérico de la Ferradura, Poblado ibérico de la Moleta del Remei o el del Antic. Además de los hallazgos de diferentes objetos como la figura zoo forma encontrada en la partida de Mundana.

Por lo tanto, la humanización ha sido muy intensa a lo largo de todos los tiempos. Aunque son hoy visibles los restos de la actividad agrícola, que se van encontrando en las diferentes vertientes abancaladas de los numerosos barrancos que ascienden hasta lugares inimaginables, llegando incluso a la cumbre; prueba de ello tenemos que en Molacima se cultivaba trigo.

Otras muestras típicas de estas vertientes abancaladas son los llamados «racons» (rincones), donde aún hoy en algunos lugares se cultivan olivos. Sin embargo, dos de las muestras más emblemáticas de esta antigua actividad agrícola se encuentran en el Barranco del Astor, en otro tiempo con abundantes árboles frutales y zona de un intenso poblamiento, y también el Rincón del Bassiol, donde vivía en una cueva un personaje casi mítico llamado el Sardinero, que iba vestido con ropa hecha con palmas de palmito y cultivaba todo tipo de productos de huerta. Como curiosidad, también se sabe que un tal Peret cultivaba tabaco en la Fuente del Fumat.

Todo esto nos hace pensar en el tipo de vida que llevaban los habitantes de la cordillera. Una vida material muy pobre, casi a nivel de subsistencia, como se demuestra en la arquitectura de las numerosas casetas que vamos encontrando a lo largo del Montsià y en el escaso mobiliario que hay en el interior.

Hay muchas anécdotas que reflejan la dureza de la vida de esta gente y que transmiten casi un sentido trágico de la vida , como es la que cuentan de un hombre carbonero y su hija que vivían en la Cueva del Burro —llamada así debido a que vivían en compañerismo de un asno . Esta cueva se encuentra en la senda de les Faixes y es de difícil acceso, ya que está situada en el borde de un precipicio. La hija sufría de sonambulismo y una noche se precipitó al vacío.

Otro personaje, cuyo nombre ha quedado inscrito en la historia del Montsià, ha sido el del Mariquito, el cual grabó su nombre en una roca de la Fuente de Molacima y de quien nos ha quedado también el corral que lleva su nombre, situado debajo del Mal Pas.

Actualmente el aprovechamiento de esta cordillera es más lúdico, para ir a disfrutar del paisaje. Ver cómo se está repoblando de pinos , encinas , robles , arces , tejos ( incluso hay uno que hace más de 4 metros ) , observar el comportamiento de ciertos animales que todavía quedan : zorros , tejones , jabalíes , halcones y otras aves de rapiña ... , hacer excursiones a las diferentes fuentes , ya sea en bicicleta , o con la mochila a cuestas . Hacer escalada en lugares como el Pico Blanco o espeleología en las diferentes cuevas o simas. Disfrutar de una buena estancia en el refugio " Enrique Aiguadé " del Centro Excursionista de Ulldecona, ubicado en el barranco del Astor...

A veces, sin embargo, este aprovechamiento lúdico de la cordillera del Montsià puede convertirse muy peligroso, porque hay gente que no respeta nada todos esos lugares que hemos llamado y eso duele mucho, ya que deberíamos tener en cuenta que la gente de ahora somos herederos del esfuerzo de una gente que, generación tras generación, han dejado su huella en la cordillera.

Parte de la historia de los pueblos de alrededor del Montsià está ligada a la cordillera, por eso conocerla, recuperarla y conservarla contribuirá, sin duda, a enriquecer la cultura de los pueblos de alrededor y de la gente que vivimos.