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El reclamo

En Alcanar, el reclamo se refiere tanto a la herramienta empleada por los cazadores para imitar el canto de los pájaros como el acto de hacerlo sonar. En gran medida se usaba en la barraca o trampa aunque, en Alcanar, todas las familias solían tener alguno para casa ya que se podría emplear para otros métodos de caza alternativos para atraer a los pájaros, como en la «piqueta» o las «rateras», o la caza con arma de fuego.

El reclamo bucal, ancestral, era empleado sobre todo en las barracas cuando la electricidad aún no había llegado. Consistente en un pequeño cilindro tapado y agujereado de metal, el cazador se lo introducía en la boca y, mediante aspiraciones de aire, reproducía lo más fielmente posible el canto, en este caso, del tordo. Hacerlo sonar no es difícil, pero sí lo es poder conjuntar la serie de sonidos que hagan que el pájaro lo reconozca, dominando su timbre y el sonido.

En Alcanar, como en muchas localidades del norte de Castellón, se hacía un concurso internacional de reclamo bucal. Con la prohibición de la práctica de la trampa, sin embargo, esta tradición se ha visto interrumpida (no así en el otro lado del río Sénia).

Con la llegada de la electricidad, el reclamo bucal rápidamente se vio sustituido por las grabaciones analógicas reproducidas en cintas de casete. Las barracas se proveyeron de unos altavoces y un reproductor de coche empotrado en un cajón de madera para hacer sonar el canto de los pájaros. Esto permitía, por un lado, poder cazar ininterrumpidamente durante toda la noche, y no sólo por las noches y en las madrugadas, como se había hecho siempre. Por otra parte permitió reproducir más fielmente el canto del tordo, con diversas variantes según cuando se reproducía: el canto de varias especies de zorzal y pájaros similares, para las noches oscuras, y el canto del zorzal común y de más pajaritos en las madrugadas (también llamado «choqueo»).

El uso de estos sistemas magnetofónicos significó el incremento considerable de capturas de tordos en las barracas a la vez que se convirtió en el principal argumento para que, con el tiempo, se produjera la práctica de la caza en barraca. Este aparato no era más que un reproductor de tamaño DIN, como los que se montan los coches, incrustado en un cajón diseñado especialmente y que, además de tener las conexiones para los altavoces y la alimentación, también disponía de un compartimento donde guardar las cintas.

Mientras, la evolución tecnológica no se detuvo y llegada la era digital, comenzaron a aparecer sistemas que permitían un sonido más real. Así llegan el «chip», como llamaban los cazadores un sistema digital formado por un reproductor al que se le insertaban diferentes circuitos electrónicos para reproducir un canto o el otro —semejante a las videoconsolas de los años 90. Y de la misma manera llegó también el CD que, como el anterior, al ser digital permitía una mejor calidad de sonido pero con el inconveniente de que se recalentaba demasiado con el consiguiente aumento de problemas técnicos dado que debía sonar toda la noche.

Hasta nuestros días en que sencillamente con un teléfono móvil se puede llegar a reproducir el canto de los pájaros y transmitirlo a los altavoces.

Para una información muy completa sobre este método de caza y otros consulte el siguiente artículo publicado en el número 18 de 2002 de la revista «Raïls » de Ulldecona, elaborado por Carlos Forcadell.