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La caza en ratera

La caza en ratera o cepa es un método de caza que se empleaba hasta hace unas décadas en Alcanar y localidades vecinas. Hoy en día es una práctica prohibida y casi ha caído en desuso.

Se basaba en coger los pájaros con un utensilio de metal que, mediante un sistema de muelles, capturaba las presas cuando accionaban el mecanismo. El dispositivo, similar a las cepas que se usan para cazar mamíferos como zorros, se servía de unos cebos vivos que el cazador ponía meticulosamente en medio. Normalmente eran gusanos o «aladas» (hormigas aladas), los primeros los criaban los mismos cazadores dentro de unos botes, alimentándolos con cereales; las segundas, las aladas, muy abundantes en los meses finales del verano, no había que criarlas.

Cuando los pájaros veían el cebo se ponían sobre una varilla de hierro de la ratera para comerlo. El peso del animal sobre la vara hacía que acciona el mecanismo y se cerrara, quedando atrapado.

Había que tener mucha destreza por parte del cazador para calibrar todo el mecanismo y que se acciona correctamente cuando tocaba. A esto se le llamaba «parar» —de ahí viene la expresión «ir a parar rateras». Si no se hacía con precisión, la ratera se disparaba antes o después de que el pájaro se pusiera.

Las rateras se situaban en el «parador» o porción de tierra excavado por el cazador para que el suelo estuviera bien limpio y permitiera que el pájaro viera mejor el cebo. Aparte, también había que limpiarlo de piedras para que no entorpecieran la acción del mecanismo de la ratera. A veces se aprovechaban zonas con un poco de desnivel, o se empleaban piedras o maderas u otras trabas para intentar impedir que los pájaros entraran por la parte del hemisferio equivocado de la ratera y no se acciona el dispositivo. También había quien la ataba con un cordel para que, en caso de que el animal capturado y no muriera, no se la llevara enganchada si lograba escapar.

Una vez hecho el «parador», se situaba cuidadosamente la ratera ya parada y con el cebo puesto, de manera que no se «desparara» y pellizcara los dedos del cazador. Entonces, con las manos, se tapaba ligeramente la ratera con tierra fina para que sólo quedara a la vista el cebo. Los cazadores marchaban a trabajar o hacían trabajos del campo en la misma finca y, al cabo de unas horas, echaban un vistazo a las rateras a ver si había habido alguna captura.

Esta práctica está prohibida hoy en día porque se trata de un método no selectivo, que no permitía seleccionar las aves que se casaban. Esto ocasionaba la muerte de todo tipo de aves protegidas como el petirrojo (Erithacus rubecula) , la «rufarda» (Sylvia atricapilla) , el pinzón (Fringilla coelebs) , el jilguero (Carduelis carduelis) , el verderón (Carduelis chloris)… además de los más apreciados por los cazadores : el zorzal (Turdus philomelos) , el mirlo (Turdus merula) o el estornino (Sturnus vulgaris).

Hasta principios de la década de los años 90 del siglo pasado, aún era una práctica utilizada por los cazadores y por algunos agricultores. Unos y otros, mientras practicaban las respectivas actividades, las usaban como complemento. Al tratarse de una práctica ancestral, la tradición pasaba de padres a hijos, y muchas familias tenían rateras en casa o en algún rincón, heredadas de los antepasados ​​.

Para una información muy completa sobre este método de caza y otros consulte el siguiente artículo publicado en el número 18 de 2002 de la revista «Raïls» de Ulldecona, elaborado por Carlos Forcadell.