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Los «Prats» en Alcanar: jardín junto al mar.

Los prados son todas aquellas casetas rurales comprendidas entre la playa de Sòl de Riu, al sur, la Punta de Benifallim , al norte, la carretera nacional 340 al este y el mar Mediterráneo al este. Así pues, los prados auténticos están situados dentro de este territorio y no fuera, ya que puede ser que en algún caso haya recibido este nombre, por analogía, una caseta rural situada en un emplazamiento fuera de estos límites.

Esto nos lo corrobora el canónigo Matamoros en el capítulo que dedica a los prados: " Pocos panoramas Hay semejantes al que ofrece la pradería alcanarense. Llano inmenso, tendida a orillas del mar, resguardadas de los vientos del Norte por la barrera de montañas y colinas que se corren Hacia Oeste, desde las estribaciones del Montsià hasta aquella Parte de la Cuenca del Cenia en que el río pierde los honores de tal, para convertirse en una barranca seca y salvaje cuyas lustrosas adelfas, coronadas de rosáceos manojos de flores, y cuyas rocas acanaladas y mondas recuerdan las Rápidas e intermitentes avenidas torrenciales de invierno. Cierran la pradera , por el Este la Sierra de la Punta avanzada del antiguo poblado morisco de Benifallim y por el sur la planicie valenciana que , empalmando en Solderriu con suspensión verdeguentes huertas , extiéndese subasta el peñón de Peñíscola , último punto visible que sirve de límite en la costa " . Así pues, como nos dice nuestro canónigo, los prados quedan comprendidos entre estos límites. La vista panorámica que se tiene desde ellos es única, ya que se contempla en el oeste la Sierra del Montsià y en el sur, en días de sol intenso, el castillo de Peñíscola.

También es notorio el contraste en el territorio donde están ubicados, ya que es del todo envidiable. Se trata de una inmensa llanura entre el mar y la montaña con la desembocadura del río Sénia en uno de sus extremos (una desembocadura de un río siempre da vida al paisaje). Las playas cercanas a los prados son de guijarros que han sido transportados por el río a lo largo de los años y que el mar se ha encargado de distribuir por toda la fachada marítima; por lo tanto, son playas vírgenes donde la mano del hombre no está presente, aún.

La tierra cultivada tiene mucho ripio (formada por guijarros y otros materiales sedimentarios del río), y es muy buena para el cultivo, aunque antiguamente fuera muy húmeda. La gran disposición de agua ha permitido que proliferaran los pozos que servirían para regar se fincas. Así pues, es una tierra rica en agua que, a pesar de la proximidad del mar, no es nada salobre.

Es una zona salvaje en medio de la naturaleza y con una vista panorámica magnífica con espacios y rincones incógnitos, pero muy bellos. Los prados, pues, sólo por su contexto ya tienen un encanto excepcional, ya que saben combinar los encantos del Mediterráneo con la cultura del interior. Además, son un espacio donde huir del estrés y las prisas, ya que sus parajes te invitan a la reflexión y a la calma.